lunes, 16 de octubre de 2006

De Fulcanelli, Fravia+ y anexas

AUNQUE NUNCA LO MENCIONO,tengo un hermano, como así: chiquito por eso le decimos el Jockey, porque fácilmente, en vez de dedicarse a la Biología con ciencia y acierto, pudo bien ser un heroico jinete del Hipódromo de las Américas, el de antes, no el de ahora, y hacernos ricos. Mas se negó. Así es la gente ante un buen consejo.

No se piense que el Jockey sólo es biólogo; le gusta saber cosas acerca de las compus (como yo), pero él prefiere doctrinas que para mí no tienen utilidad o potencial de herramienta artística. Sin embargo el me ha enseñado muchas cosas. Por ejemplo, asuntos de fotografía; o me recomienda páginas como las de Fravia+, así, con crucecita.

Ignoro si el Jockey sabe que Fravia+, como yo, es un lector que respeta a Fulcanelli, autor de El misterio de las catedrales, un clásico de la ciencia hermética. Y que por tal motivo repudio a Dan Brown, por ignorante. Fravia+ no es sólo lector de Fulcanelli, sino un sincero discípulo de ese adepto. (Aunque suene raro).


De Fravia+ y su organización en una página que se llama searchlores --ya sabrán con ello llegar a ella-- poco se comenta. Obvio es decir que su conocimiento de la lengua y la literatura es sólido. De origen francés, aparentemente, habla y escribe en diversas lenguas, desde el latín hasta el anglosajón contemporáneo. Lo cual no tendría nada de peculiar si no fuera porque enseña y permite inferir al atento lector diversas artes marciales para defenderse de las cuestiones tortuosas de la Red.

La usura de la Red, por ejemplo; los programas espías y todo aquello por lo que ahora quieren cobrar para no usar contra uno y él defiende como gratuito. Asimismo, enseña algunas cuestiones que no serían vistas como legales en muchos países del mundo, pero él defiende el derecho al saber y algunas virtudes de lo que en el medio electrónico se conoce como "ingeniería reversa". Un tipo interesante, vamos. Su argumento es simple: "¿por qué debo dejar que me perjudiquen de entrada --incluso firmando un acuerdo contra mis derechos más elementales-- sin defenderme?". Y a partir de ello sus enseñanzas son a partir de lo más simple hasta lo más complejo para todo aquel que deseé no ser un maldito zombi, como le gusta a él decir.

Ahora que la Secretaría de Educación SEP dio licencia a las escuelas de cómputo para tener un reconocimiento, estoy seguro de que no se incluye a Fravia+ en sus programas. Fravia+ no defiende las tesis de Microgates o las barreras inútiles de los comercios por la Red. Y ante la sed de programas mal hechos que pululan en el medio sus consejos son de los más prácticos. "Todo permanece en la Internet, es cosa de saber hallarlo". "Nunca bajes un programa, seguirá en el universo virtual por siempre", "pruba primero el programa gratuito: será mejor que el comercial". Consejos como de Lavoissiere.

En particular, lo que me gusta de él es que da una solución legal a las cuestiones donde los demás sólo escupen bytes o tinta. Claro, con un poco de esfuerzo propio. Muchas otras son sus virtudes, pero deseo sólo resaltar sus fundamentos. ¿Por qué? Hace unos días encontré con azoro una serie de grupos que con un absoluto desconocimiento de las reglas del juego virtual, desafían el derecho de autor y toda una serie de normas que podrían --en los tiempos que corren-- dejarlos tras las rejas el resto de sus vidas. Y si bien ofrecen productos cibernéticos a la moda, esos jóvenes que se consideran valientes, cometene una idiotez: están en el ojo del huracán. Claro que la tentación es magnífica.

Pero es una lástima que no hayan comenzado por el principio: aprender las reglas de la caballería y las virtudes de las banderas corsarias, de esas que abundan con legalidad. Y mal para ellos, las patrullas cibernéticas son más eficientes con sus robots que las de la vida real, que no atrapan un solo narcotraficante en sus propios fraccionamientos.

Mala suerte muchachos. Lean antes siempre las letras chiquitas.



viernes, 11 de agosto de 2006

Blogs de las ciudades de México

Agosto 2006.

Estamos armando un número acerca de las ciudades virtuales del país (crónica de la cotidianidad en blogs). ¿Cómo se vive, cómo vives en tu ciudad? para un número de Blanco Móvil. Se aceptan sugerencias o ligas de blogs que creas pueden mostrar un rostro interesante del país. Blanco Móvil sólo tiene versión en papel, y distribución internacional. Fecha de cierre: 25 de agosto.

Agradeceré tus sugerencias. Y tu autorización para publicarlo en esa revista cultural.

sábado, 5 de agosto de 2006

Sexy

Agosto. Mitad del verano. Hay días cuando la lluvia permanece quince minutos. Durante otros, coquetea con la eternidad.

Quien esto escribe es un hombre curioso , a quien le gustaría ser más cínico que escéptico. Tal vez por ello leo periódicos, diarios, revistas... eso.

Leyendo, me doy cuenta que parte de la moda es firmar un desplegado. Tomar partido. Estar en la firma es estar en la foto. Desde las elecciones hasta hoy, ya nadie sabe que sucedió. Frágil es la memoria, como un cristal de Bohemia. Por suerte, la red, la Internet, o como se diga es un pálido y plano reflejo de la vida. Ahí está, al alcance de los buscadores.

En mi insomnio, larga vigilia, contemplo. Todos tienen bando. Todos tenemos intereses. El resto no importa.

La fiesta terminó, quiero decir. Pero nadie escucha.

La sordera, la desmemoria y esas pérdidas, son una inmencionada herencia.

Antes nada pasaba. Ahora ocurre todo.

Fin de fiesta.

No hay situación más triste que pensar ahora que los intelectuales piensan.

¿Para qué?

Sólo para estar. Sólo para el olvido. Suena muy sexy.

Lástima.

Juego solo. Y veo la sangre tiñendo el pie de la pirámide.

Extraña sensación. Desangrarse, Así, sin número, sin nombre.

domingo, 23 de julio de 2006

El Inocencio III de Gerardo Laveaga


LA NOVELA HISTÓRICA en México se ha reducido por lo general a nuestra geografía e historia o a la épica o elegía familiares.

Jorge Ibargüengoitia, Bárbara Jacobs, Margo Glantz, Arturo Azuela o Silvia Molina como Laura Esquivel o Federico Campbell han explorado esas sendas con acierto diverso.

Gerardo Laveaga (México, D.F.,1963) quien tiene diversas novelas en su haber --La fuente de la eterna juventud (1985); Valeria (1987); El último desfile de septiembre (1994); Creced y multiplicaos (1996), entre otros títulos-- decide internarse con El sueño de Inocencio (Ed. Grupo Planeta, México, 2006), en la novela histórica medieval, feudo poco visitado por los escritores mexicanos, más inclinados a mantenerse en los territorios de nuestra moderna república de las letras.

Coincide la época que escoge Laveaga para El sueño de Inocencio con la de Baudolino, el personaje de la novela homónima de Umberto Eco: el fin del siglo XII y los primeros lustros del XIII. Ahí terminan las afinidades aunque algunas circunstancias --como la toma de Constantinopla, el ambiente de la Universidad de París, ciertas acciones bélicas, etc., son atmósfera común para los protagonistas de estas obras. Baudolino es un personaje del pueblo; en contraste, Lotario de Segni, un noble de abolengo.

El tema de El sueño de Inocencio es apasionante: el poder papal y la impronta que Inocencio III y sus sucesores darán a la Iglesia. El asunto podría parecer espléndido sólo para aquellos que gustan dirimir asuntos teológicos o litúrgicos, y poco incitante para los legos; sin embargo Laveaga logra dar un giro narrativo vertiginoso a cada edad de la biografía de Lotario de Segni: su etapa de estudiante en París y Bolonia, la influencia de su madre, sus viajes y amores con dos mujeres contrastantes: la valdense Bruna, fuente de sensualidad, y la noble Ortolana, toda sensibilidad.

Conocemos asimismo la génesis de su habilidad diplomática; de sus amistades judaicas y monacales, Alvar y Angelo; los periodos de actividad y de desolación propias del joven adulto, su diaconado y su nombramiento como cardenal, todavía sin la necesidad de los votos eclesiásticos. Cada etapa de la vida del protagonista muestra situaciones donde la personalidad de Lotario desenvuelve su apertura de pensamiento y su amor por el saber sin cortapisas.

Numerosas y bien selectas lecturas sustentan el trabajo de Laveaga. Contextualiza con habilidad la época y las reacciones de los personajes. A estos los diferencia con rasgos y caracterizaciones precisas, como sucede con los grandes amigos de Lotario: Esteban Langton y Roberto de Couurcon, que son vistos como encarnaciones de la pluma y la espada. O los diversos reyes que tratan a Inocencio: Ricardo Corazón de León o Federico Hohenstauffen.

El ritmo de la escritura va al parejo de la evolución del protagonista. Laveaga desliza escenas y elementos --como las diversas visiones de los sueños de Inocencio-- que permiten dudar de las intenciones de los personajes históricos y de sus justificaciones a posteriori. Con estos detalles o interpolaciones de situaciones llenas de tensión --la defensa de Roma, la visita a los hospitales, la peste con que hieden los franciscanos, etc.-- que afianzan la verosimilitud de la obra.

Cabe notar que la dificultad de construir un personaje literario como Inocencio es notable: si bien la dibuja previamente LAveaga desde los ojos de Lotario al hablar del Papa, el narrador debe dar un giro cardinal al momento de que De Segni asume que es el Vicario de Cristo. Tal es la razón del título de la obra, que coincide con una pintura del Giotto que lleva el mismo nombre.

El sueño de Inocencio. Giotto
Son ciertamente los años del papado de Lotario de Segni como Inocencio III los que más interesan a Laveaga. Y el parteaguas del tono de la novela: si bien la parte que se ocupa de la vida secular de Lotario es ágil, contrastante; la que corresponde al papado --a partir de la página 183-- es fascinante, con diálogos refinados, irónicos, y situaciones asombrosas: el personaje de Laveaga ha dejado atrás su yo, su ego, en función de un ideal colectivo, de largo alcance. Tal es el atractivo de Inocencio III, un león egoísta. Un rey que debe decidir y controlar el destino de todos los reyes y sus súbditos en la tierra.

Para comprender los contrastes de este hombre y Papa, Laveaga adopta un recurso narrativo interesante: las reflexiones del viejo padre Alvar en su lecho de muerte; y la cólera de Felipe "Augusto", rey de Francia, donde despliega toda su habilidad literaria.

En realidad --como producto de una primera lectura, esta segunda parte es la más destacada--, ya que el personaje no ofrece descanso ni al autor ni al lector: hay que seguir el paso endemoniado de un hombre hiperactivo, que no tiene tiempo ni voluntad para que su proyecto se vea retrasado ni un solo minuto. Los únicos breves paréntesis --llevados con extrema inteligencia-- son los instantes dedicados a las mujeres que amó en su vida seglar, mas sin dejar de ser Papa.

Y hay muchas más cualidades en esta obra, mismas que todo lector descubrirá con gusto en una noche en vigilia o en una lectura paulatina. Y por supuesto, las minucias de las que todo autor se apena cuando alguien las señala; pero esas serían ganas de no disfrutar de un texto que invita a su relectura.







lunes, 17 de julio de 2006

Todos le dicen Alí



DON Alí cumple 88 años. Le gusta afirmar que su oficio es la tipografía. Tiene otros méritos: el Premio nacional de Arte y Literatura, una biblioteca que alcanza tal vez los 35 mil volúmenes, su gusto por la conversación y el buen vino, además de su natural simpatía y generosidad.
Muchos creen ser sus discípulos, pero no compartieron su placer por el lenguaje, el cuidadoso ritmo de su poesía, ni su prosa crítica desprovista de florituras y de subterfugios. No importa.
Durante estos días se han festejado los 50 años de publicación de su primer libro de poemas: Palabras en reposo, lo que ha sido un descanso entre los vaivenes de las noticias de los diarios.
Su amigo y contemporáneo, Jorge González Durán, hombre adusto, se desesperó muchas veces de lo que llamaba su 'democrático' caracter, ya que Chumacero siempre ha sabido sentarse a conversar con gente de todas las estirpes y raleas con curiosidad y atención. Eso no le quita estatura y dimensión. El observador objetivo nota que el viejo poeta ha hecho una revisión completa de la naturaleza de sus interlocutores y elabora un retrato preciso de los seres y del mundo a su alrededor.
Conocí a don Alí hace 35 años. Él revisó la tipografía de mi primer libro. Sin comentarios adicionales, señaló las fallas y errores que mi ignorancia hubiera perpetuado. Y, claro, me invitó un whisky. Conocí a casi todos sus amigos y los he visto ausentarse de su mesa. Ciertas tardes, ciertas noches, los evocamos. Alí promete vivir 500 años. Sé que faltará a su palabra, que vivirá muchos más.

martes, 30 de mayo de 2006

Blanco sobre rojo

Posted by Picasa

Sagrados furores

QUIZÁS entre los aspectos más memorables del gobierno de Vicente Fox —siempre tan preocupado por ser imagen— permanecerá su exaltación ante los acontecimientos cuando las circunstancias parecían ser favorables a su pensamiento, independientemente del efecto de sus acciones. Comenzó como visionario y terminó como alucinado. Cerró los ojos a la realidad y jamás dudó de sus cortesanos, príncipes de la abyección y del egoísmo fatuo. Quiso ser admirado y, por encima de cualquier virtud, dejó que su prepotencia lo cegara.

Si Borges lo hubiera conocido, su paralelismo con Vathek sería ejemplar: quiso subir al cielo y desdcendió al infierno.

Diversos biógrafos resaltarán otros aspectos de tan curioso presidente de México, cuyas peculiaridades recuerdan las de Antonio López de Santa Anna, cuyos actos siguen siendo leídos y analizados con estupor y fascinación por historiadores y lectores tanto de su biografía, como de las novelas en torno a su curiosa personalidad.

Extintos los rumores, a la vista los efectos de sus poco estructuradas decisiones a favor de la República, desprendidos los bozales de los timoratos críticos, abiertas las entrañas e intimidades de Vicente, la panorámica de su ignorancia y charlatanería serán deleite de plumas y procesadores de texto. Toda la crítica a la que se resistió aprovechará la igualdad de circunstancias y la emprenderá con él, con toda la ironía y meditado rencor del anális de acciones fatales para la adecuada evolución de un país que quiso confiar en él con toda la inocencia de la esperanza, la palabra más desgastada de la vida nacional.

Para quien afirma que todo tiempo futuro no es mejor, el escenario para el cambio de gobierno se ha convertido en la feria del desencanto: los 600 millones de años de pesimismo a cuestas en los habitantes del país deberán votar contra los lastres que este tiempo de desprecio les ha impuesto con base a una decisión que enfrentan sin argumentos ante la verborrea de los contendientes. Pese a las opciones que se les ofrecen optarán por una disyuntiva propuesta por los medios. Ninguna de ellas óptima ni confiable.

En el ambiente corren apuestas y descalificaciones. Pero ninguna solución a una circunstancia donde la mediocridad amenaza en convertirse en elemento fatal para nuestra apuesta de permanencia.